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Esta educadora y ejemplar viñeta de Forges merece ser impresa en el lazo conmemorativo |
Violencia de género. Seguimos donde estábamos
El siguiente texto fue publicado en la revista sisanteña "6 Flores" en Diciembre de 2008. Su contenido no ha perdido actualidad y quiero, volviéndola a publicar, aportar mi grano de arena para solucionar esta lacra social indagando en las causas y aportando soluciones:
"Desde que el mundo es mundo, como suele decirse, todas las culturas y
civilizaciones han establecido una línea muy clara de la división de funciones
entre el hombre y la mujer, siempre condicionada esta última por los problemas derivados
de la maternidad. El hombre fue cazador, luego agricultor, más tarde ganadero,
después artesano y al final industrial. En todo este proceso la mujer curtió
las pieles, sembró y recolectó, ordeñó los animales y manufacturó sus
productos, trabajó los telares etc. y además de todo esto parió y crió a sus
hijos al tiempo que cuidó y alimentó a la familia. Cierto es que el trabajo del
hombre hasta hace bien poco le dejaba escaso margen para otras actividades,
como cierto es también que cualquier cambio en la situación laboral de la mujer
no la ha desligado de las labores domésticas. Ni la revolución francesa ni la
revolución industrial ni la revolución comunista liberaron a la mujer de su
carga a pesar de consagrar principios de igualdad y oportunidad para ambos
sexos.
No obstante, la revolución industrial que incorporó masivamente a las mujeres
al mundo laboral, la valiosa intervención de éstas en ambas guerras mundiales y
la resolución con que resolvieron la difícil situación de las posguerras, hizo
crecer en el mundo occidental un reconocimiento de su capacidad ,que les
permitió, con paso lento pero firme, conquistar sucesivas parcelas de opinión y
de poder.
La revolución femenina
(por llamarla de alguna forma) es la mayor revolución social desde la revolución
industrial y trata de aproximar hasta igualar en derechos, deberes y libertades
a los individuos de la sociedad moderna sin discriminación de sexo. Por
desgracia este movimiento femenino no está teniendo el mismo eco fuera de
nuestra civilización occidental y aún dentro de ella con muchos niveles y
matices,( en Francia e Italia no consiguieron las mujeres el derecho al
sufragio hasta 1945 y en Suiza hasta 1974) pero es evidente el alejamiento que
se va produciendo respecto a otras culturas, quizás más antiguas que la nuestra
donde aún permanecen valores culturales distintos, tan arraigados que
dificultan cuando no imposibilitan cualquier evolución en la consecución de los
derechos más elementales.
Pero todas las revoluciones son cruentas y en mayor o menor medida todas pagan
su tributo de sangre. La femenina se ha caracterizado por ser la menos violenta
de cuántas hemos conocido y fundamentalmente por dos razones, la primera porque
se está dilatando en el tiempo, con pasos cortos pero seguros y la segunda
porque viene acompañada de una evolución cultural que permite aceptar como
normal lo que tiempo atrás hubiera parecido aberrante. Cuando alguna de estas
dos razones se invierten los resultados pueden llegar a ser catastróficos. Éste
y no otro es a mi entender el problema de nuestra sociedad actual española, que
deriva a una situación excepcional ofreciéndonos cada día un espectáculo
bochornoso.
Los orígenes de este movimiento / revolución fueron diferentes según de qué país
se tratara; así en plena efervescencia de la Francia revolucionaria, Olimpia de
Gouges publicó la “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana”
dando lugar a un incipiente movimiento que se frustró al ser ésta ejecutada por
la dictadura jacobina. Los movimientos posteriores fueron acallados por la
enorme influencia de la Iglesia entre la población femenina francesa, no
habiéndose consolidado el derecho al sufragio femenino hasta el año 1945.
En el Reino Unido Lydia Becker creó la “Asociación Nacional para el Sufragio de
las Mujeres” después de haber visto rechazada en el parlamento la propuesta de
John Stuart demandando la legalización del voto femenino. No obstante, a
comienzos del siglo XX el 70% de las solteras entre 20 y 45 años tenían trabajo
remunerado.
En USA el analfabetismo
femenino ya estaba erradicado a principios del siglo XIX y la contribución de
las mujeres en la lucha por la abolición de la esclavitud fue notorio, pero la
Guerra de Secesión consiguió el derecho al sufragio de los negros y en cambio
lo negó a las mujeres a pesar de su participación activa y comprometida en la
contienda. Ello dio lugar a la creación de la “Asociación por el Sufragio de la
Mujer” que cimentó el primer movimiento feminista de corte radical.
En España a finales
del siglo XIX el 70% de la población femenina era analfabeta y aunque hubo
voces que se levantaron por la igualdad de la mujer como la escritora gallega
Emilia Pardo Bazán o la penalista Concepción Arenal y el avance educativo
conseguido por la Institución Libre de Enseñanza, la presión de la sociedad y
de la Iglesia truncaron sus propósitos
Como he apuntado anteriormente, en algunos países europeos y del norte del
continente americano, la revolución industrial atrajo al mundo laboral a
multitud de mujeres que sintieron la necesidad de organizarse para luchar por
unos horarios y unos salarios justos y equiparados a los masculinos. A
continuación, y antes de haber conseguido todo lo anterior, hicieron valer sus
derechos como personas exigiendo su derecho al sufragio en igualdad con los
hombres hasta conseguirlo.(en Inglaterra, Alemania y Holanda en 1918, USA en
1920, Suecia 1921, España 1931 ) Pero todo esto no se hizo en un día. Se
realizó a lo largo de todo el siglo XIX y principios del XX. Mientras tanto, la
España eminentemente rural y profunda, que para colmo acababa de perder las
colonias, apenas dejaba abierto un hueco por donde colarse el tren de la
modernidad.
Llegó la primera guerra mundial y esas mujeres tuvieron que sustituir en las
fábricas a los millones de hombres movilizados. Gracias a ellas se aseguró el
aprovisionamiento de armas y enseres en los frentes. Al final de la guerra
millones de ellas quedaron viudas, en países desolados y con coberturas
sociales inexistentes. Se ganaron palmo a palmo y día tras día su autoridad
moral y su prestigio social.
No acababan de
reponerse de las calamidades de los veinte años anteriores cuando una nueva
tragedia arruinaría sus expectativas de futuro. La segunda gran guerra les hizo
volver a las fábricas y los hospitales y entre momentos de dolor y de esperanza
fueron haciendo cañones, tanques, barcos, mantas, vendas y latas de conservas.
Al final, bastantes millones más que en la primera contienda quedaron viudas.
Siguieron cubriendo puestos en la renaciente industria de la posguerra y poco a
poco llenando las universidades. De nuevo estaban conquistando parcelas
importantes sin posibilidad de marcha atrás; así hasta nuestros días.
Mientras todo esto ocurría en Europa nosotros pasamos el siglo XIX arrastrando
el arado en un país caciquil y feudal. Fue un siglo desgraciado en la historia
española, que comenzó con la guerra contra los franceses, continuó con las
guerras carlistas y terminó con la pérdida de las colonias Y llegados al siglo
XX, nos pasamos el primer tercio en disputas internas que acarrearían trágicas
consecuencias, que no debemos olvidar ni tampoco debemos tener tan presentes
hasta el punto de traumatizar nuestra convivencia futura.
Nuestras mujeres
solteras apenas conocieron las fábricas fuera de Madrid, Barcelona o Bilbao. La
sociedad española era sobre todo una sociedad rural en donde el papel de la
mujer no había evolucionado desde siglos atrás. Las pocas libertades
conseguidas antes de la guerra murieron con ella. La dictadura las condenó a
ser únicamente amas de casa.
La labor de la dictadura en el campo de la igualdad femenina fue devastadora.
La “unión temporal de empresas Régimen & Iglesia” veló por mantener a
nuestras mujeres “puras y castas en pensamientos, obras y deseos”; esposas y
madres según el modelo mariano impuesto por la Iglesia, con dependencia casi
total del marido y acceso a la educación superior casi restringido a las elites
económicas y políticas. Si esto era grave, la involución cultural no lo fue
menos y cuando, llegados a los años sesenta, la incipiente globalización nos
abrió las puertas a lo desconocido, ofrecimos al mundo el grotesco espectáculo
de un machismo vergonzante tras la turista sueca, de mano de los López Vázquez,
Estesos, Pajares y Ozores de turno.
A los casi cuarenta
años del régimen franquista le han seguido ya treinta de democracia y los
avances en este campo los vemos reflejados tristemente cada día en los
telediarios. ¿Qué hemos hecho o qué hemos dejado de hacer en estos treinta años
para no haber conseguido avances significativos?.
A las carreras tras
las suecas siguió otro espectáculo machista conocido como “el destape” al que
acudieron precipitadamente casi todas las famosas del escenario y la pantalla,
denigrando la figura femenina hasta dejarla reducida en un simple objeto de
deseo y mercadeo. Las prisas por parecernos a los otros europeos e incluso por
superarlos convirtió el feminismo en casi una religión y se han ido sucediendo
leyes para la igualdad que consagran la desigualdad y conducen al
enfrentamiento.
Todos los abusos son
malos y el querer imponer en el momento y por la fuerza de la ley lo que la
sociedad debe digerir lentamente con el trascurso de los años es una
equivocación. Las sentencias judiciales en divorcios, custodia de menores y
prestaciones económicas han hecho tantos estragos en los derechos individuales,
siguiendo al pie de la letra la doctrina de la nueva religión feminista, que
han provocado el nacimiento de asociaciones de hombres afectados por la
discriminación y la injusticia.
La igualdad no se consigue
por decreto, ni con cuotas ni con ministras de la cosa. La igualdad se consigue
con la educación no con la fuerza y aquí se han invertido las razones que
conducen a un proceso dilatado y sin sobresaltos. Se ha querido hacer en cuatro
días lo que en nuestro entorno europeo ha costado dos siglos, pero en esos
cuatro días no ha habido ni intención ni tiempo suficiente para que la sociedad
española evolucione culturalmente hasta unos niveles mínimos de permisividad,
todo lo contrario, nuestro sistema educativo es el peor de la Europa occidental
y el fracaso escolar es manifiesto. Se ha impulsado la creación de una sociedad
inculta de culebrón televisivo y telebasura; una sociedad despersonalizada, de
“trepas” sin escrúpulos, de personas individualistas y egoístas. Se han
destruido muchos de los principios que regulaban la convivencia pacífica. Con
este panorama es muy difícil que podamos entender las razones por las cuales el
hombre y la mujer deben tener los mismos derechos y obligaciones. Basta echar un
vistazo al mapa para comprobar que la violencia está más arraigada en las
Comunidades más atrasadas y en los suburbios de las grandes ciudades o ciudades
dormitorio donde precisamente se alcanzan los niveles culturales más bajos. No
se consigue la igualdad poniendo faldas a los hombres en los anuncios
televisivos sino educándolos para una nueva forma de vida en un mundo
completamente distinto. La revolución femenina triunfará porque es justa y
lógica pero el tributo que aquí va a tener que pagar será demasiado caro solo
porque los gobiernos y la sociedad no han hecho bien los deberes".

Paco del Hoyo. Carta del Director "6 Flores", Diciembre 2008.